LA PRIMER NOTICIA

Sentir u observar cambios en el cuerpo: fatiga, pérdida de peso, mareos, sed, mayor frecuencia de deseo de orinar entre otros síntomas percibidos pueden ser la razón por la cual se llega al consultorio médico o a las salas de hospitales. Se acude a algún chequeo de rutina o por exámenes médicos que se requieren por una u otra razón ya sea para uno mismo o para algún familiar.

La forma en que cada uno responde al diagnóstico es muy variada. Para algunas personas es angustiante el resultado y saber a lo que se enfrentará, mientras para otras es tranquilizante terminar con la incertidumbre. Para otros, la noticia se presenta como un golpe no esperado, el cual se abre muchas interrogantes. La diabetes tiene un lugar en la vida de quien es diagnosticado, es decir, nunca se había planteado tal posibilidad, y ello desata una serie de ideas entorno al cuerpo y a la enfermedad, uno de ellos es la fantasía de que el actual diagnóstico impide participar normalmente en la vida en sociedad. Si bien hay gran incertidumbre entorno a lo que puede ocurrir a partir del diagnóstico, ello también se alimenta aún más de los mitos entorno a lo que se dice sobre la diabetes.

Ocurre algo parecido a cuando se pierde a un ser querido, el cual era parte importante de nuestra vida. Además del dolor que comúnmente se siente la vida también cambia. No estará más esta persona en nuestro hacer diario y la ausencia de ésta persona es vivida con tristeza o deseo urgente de recuperarla. Lo mismo ocurre con el cuerpo cuando se diagnostica una enfermedad como diabetes. El organismo que antes actuaba de una manera ha cambiado y la forma en la cual se cuidaba de uno mismo también debe ser modificada. Existe una pérdida de las condiciones de salud del cuerpo, de las condiciones en las cuales uno se relacionaba con el mundo, con la comida, con mi estilo de vida. Ante esta perdida es una reacción normal en la persona experimentar diversos sentimientos, entre ellos la tristeza.

Pero ¿cómo enfrentar ésta nueva situación en la vida? Esta es la pregunta que se plantean tanto pacientes quienes reciben el diagnóstico como adultos al cuidado de menores quienes son diagnosticados.

Ante pérdidas muy dolorosas, algunas personas pueden mantenerse en contacto con objetos que le recuerdan a aquel ser querido que ya no se encuentre presente en un intento por negar la pérdida del mismo. Y en el caso del diagnóstico de diabetes, lo podemos observar como aquellas personas que no quieren saber nada de la enfermedad y continúan con sus hábitos y estilo de vida como siempre lo han tenido, aún sabiendo que ello tiene un impacto negativo en su salud. Habrá otras maneras de resistirse a la noticia del diagnóstico, como serán probar con tratamientos milagro que en realidad no muestran fundamentos certeros de cura. Muchas personas invierten demasiado tiempo y dinero en este tipo de curas y desatienden el cuidado de su salud dañando seriamente la misma. O bien, existen reclamos injustificados hacia el propio cuerpo, hacia el mundo o hacia las personas con las que se tiene contacto o afecto.

Por ello es común enfrentar diferentes estados de ánimo antes de poderse dar cuenta de que es posible continuar con la vida y disfrutarla. Algunas teorías psicológicas hablarán de estas diferentes emociones como las fases del duelo: choque, negación, negociación, aceptación. Lo cierto es que antes de vivir acorde a la nueva condición que la vida nos tiene, el ser humano se resiste a ello. Sin embargo cuando esta resistencia ocurre por tiempo prolongado, la ayuda de un psicoanalista o psicólogo serán una alternativa a considerar.

Otras veces será suficiente con obtener información confiable y veraz sobre el padecimiento y paulatinamente entender y aplicar los cambios al hacer diario que requiere la nueva condición de vida, pero otras veces las fantasías siguen teniendo lugar aún cuando se cuente con información que desmiente las mismas. La ideas se tiene de la diabetes en algunos grupos sociales aunado a los miedos personales aumentan el riesgo de presentar angustia y plantear una falsa perspectiva de lo que es vivir con diabetes.